28 de mayo de 2014

ESCUCHEMOS A NUESTRO BEBÉ


Como en otras ocasiones he comentado, antes de que aparezca el lenguaje verbal, el llanto junto a  la comunicación no verbal (los movimientos, gestos...) es la manera de que disponen los bebés para comunicarse con nosotros, con los adultos y con todo su entorno.

El llanto es un sistema natural puramente humano y absolutamente necesario. Tiene una función comunicativa y calmante cuando un niño viene al mundo. 

Los niños lloran, gesticulan, emiten sonidos, y con todo esto tratan de decirnos algo. Por ello, no es de extrañar que los niños dispongan de un repertorio inmenso de llantos diferentes. El problema es que muchas veces no sabemos reconocerlos, todos nos parecen iguales y por tanto, la ayuda que brindamos al bebé, no es la adecuada. Por ejemplo, nuestro bebé llora en su cuna y nosotros le damos de comer o le mecemos, pero su llanto no se calma. Hacemos "las mil maravillas" y todas son en vano. Pero lo que en realidad no sabemos es que el niño lloraba porque tenía calor, porque le molestaba estar tapado bajo tanta sábana. Si hubiéramos entendido qué estaba diciéndonos, la solución, refrescarlo, hubiera sido inmensamente sencilla.

Sin embargo, él no sabe decirlo con palabras, pero en nuestras manos está poder entenderlo. 

Para comprender el llanto del niño, hay que armarse de ganas y paciencia, hay que ser conscientes de que muchas veces tendremos que ir en contra de nuestros impulsos de "salvar" al niño, de ir corriendo a "rescatarlo" en el mismo instante en que rompa a llorar y debemos, en cambio, esperar unos segundos, dedicar un momento para escuchar y observar. 

El objetivo consiste en entender al bebé, ¿qué está tratando de decirme? 

Si consigo comprenderlo, diferenciar sus formas de llorar, podré atender la demanda concreta, a lo que me está pidiendo y por tanto reducir su frustración y aumentar su seguridad.


PERO, ¿CÓMO DESCODIFICAR EL LLANTO DE MI BEBÉ?


Escucha atentamente a tu hijo. Antes de ir a socorrerlo, espera un momento, escucha el tono, la intensidad y la frecuencia del llanto. Con el tiempo y conforme os vayáis conociendo, te resultará más fácil distinguir sus lloros, pues como cualquier otro ser, dispone de voz propia. 


Observa a tu hijo y lo que hay a su alrededor. El lenguaje no verbal es capaz de proporcionarnos información valiosísima. La forma en que tu bebé mueve sus manitas o estira las piernas, o se acurruca sobre sí mismo, puede alertarte sobre la posibilidad de que le duela algo, de que tenga frío, o quizá hambre. 
Además, fijarse en el ambiente en el que se encuentra el bebé, puede ayudarte a localizar más fácilmente el desencadenante del problema. ¿Cuándo rompió a llorar el niño? ¿Fue antes de que sonara el teléfono? ¿Está la ventana abierta y una corriente de aire puede darle frío? 


Analiza las rutinas de tu bebé. Los bebés se acostumbran a ciertas rutinas y es posible que cualquier cambio en ellas los "descoloque". Piensa si ha pasado algo nuevo en su entorno.




Analízate a ti misma/o. Los bebés detectan el estado de ánimo de las personas, sobre todo de sus madres y se ven afectados por ellos. Si estás enfadada, nerviosa o triste, es probable que tu bebé también lo esté y se muestre inquieto. Trata de calmarte antes de estar en contacto con él, sal de la habitación y tómate un respiro. Aunque al hacer esto el llanto se alargue un "pelín" más de lo esperado, es mejor esperar un momento. Cuando estés tranquila, calmada, ya puedes escuchar a tu hijo y atenderlo adecuadamente. 


Sé siempre suave. Los movimientos bruscos, las voces estridentes y/o demasiado altas, la rapidez...todo esto estresa a los bebés, los pone nerviosos. Un bebé prefiere los susurros, las voces dulces, los movimientos suaves...tenlo en cuenta siempre que te acerques a tu hijo, si por lo que sea llegas "acelerada/o", toma consciencia de tu estado anímico y trata de adecuarlo para estar con él. 


Por último, hay veces en que los bebés necesitan auto-calmarse mediante el llanto. Es imprescindible que ellos aprendan y que nosotros les dejemos hacerlo, lo que también supone que aprendamos a tolerar el llanto. CUIDADO: No estoy abogando NUNCA por dejarles llorar desconsoladamente, pero sí que, después de adquirir práctica escuchando al bebé, sabremos cuándo debemos concederle la oportunidad de que sea él el que se encargue de relajarse.


La experiencia, la calma, la paciencia, el amor y sobre todo las ganas, conseguirán sintonizar a papá y a mamá con su bebé y la comunicación será armoniosa aportando felicidad y tranquilidad en el seno familiar. 

26 de mayo de 2014

DISCIPLINAR CON AFECTO: CORREGIR ANTES QUE CASTIGAR


Establecer normas y límites en casa es imprescindible para conseguir una convivencia armoniosa y para que los niños integren valores, conozcan qué comportamientos son adecuados y cuáles no, y para que aprendan que no siempre pueden actuar conforme ellos quieren, lo que les ayudará a tolerar las frustraciones. 


La disciplina, por tanto, forma parte de educar, pero siempre aplicada con afecto. Si corregimos en lugar de castigar, estaremos favoreciendo el correcto desarrollo emocional y social del niño. 

¿CÓMO CORREGIR MOSTRANDO AFECTO?

1. Predicar con el ejemplo. Los niños aprenden muchos comportamientos a través de la imitación. No basta con decir las cosas, sino que hay que demostrarlo con hechos. Nuestra fiabilidad se verá mermada si le exigimos al niño que haga justo lo contrario de lo que nos ve hacer a nosotros. 

2. No al castigo físico ni verbal.  Este tipo de castigo nunca tiene justificación, la violencia no debe ser una opción cuando estamos educando, pues debemos sancionar la conducta, no a la persona. La autoridad absoluta, sin explicaciones, y sin una corrección predecible, confunde al niño y puede dar lugar a lo que en Psicología se conoce como la "Indefensión aprendida". Esto consiste en que el niño aprende que las consecuencias de sus actos no están bajo su control; por lo tanto, no importa cómo se comporte, se siente incapaz de predecir las consecuencias. En cuanto a la violencia verbal, las vejaciones hacia el niño mermarán de forma terrible su autoestima, lo que tendrá consecuencias futuras muy desafortunadas.
Nunca hay que negarles el cariño ni el amor. Hay que diferenciar que lo que no te gusta es su comportamiento, que a él lo querrás siempre y ante cualquier cosa.

3. No actuar nunca en momentos de ira. Si estamos muy enfadados, es posible que nos cueste más ser justos e imparciales y que, en consecuencia, la corrección no sea la adecuada. Es preferible tomarse un momento para calmarse y actuar desde la tranquilidad.

4. Corregir en proporción a la falta cometida y a la edad del niño. Para adecuar la corrección es imprescindible que tengamos en cuenta el momento evolutivo en que se encuentra el pequeño y qué es aquello que necesita aprender. Y la proporcionalidad entre la falta y su sanción es absolutamente fundamental, porque induce a asumir e inculca en el niño el valor de la justicia en cualquiera de sus actos. La desproporción, por el contrario, favorece el rencor, precisamente al haberse sentido objeto de una injusticia.

5. Establecer previamente las reglas de forma clara. Las reglas deben de ser realistas para poder aplicarlas siempre. Es decir, hay que ser consistentes. Y, además, en todo caso han de establecerse previamente, han de ser conocidas por todos antes de tener que cumplirlas, porque, de otro modo, se traducen en arbitrariedades, tanto de quien las impone como de quien las recibe. Si, por ejemplo, le decimos al niño que no podrá ver la tele porque no ha cumplido con la tarea de recoger la mesa que estaba previamente pactada, tenemos que cumplirlo pase lo que pase. Aunque para ello tengamos que "suavizarlo". ATENCIÓN: No se trata de "mantener el tipo" ¡pase lo que pase! por lo que ya hayamos dicho. Se debe ser extra-consecuente con cualquier acto, pero especialmente si se aplica a terceros; y más todavía cuando el tercero es un hijo.
Hay que explicarle al niño de forma sencilla y clara por qué esa conducta es negativa, cuáles son las consecuencias y cómo puede perjudicarle.
Debemos tratar también de limitar el número de órdenes que les damos, se trata de simplificar y que lo que se espera de el niño sea transparente. Si somos concisos y claros, no tendremos que repetirnos hasta la saciedad y mantener la calma resultará más fácil.

6. Establecer premios por objetivos conseguidos. Para fomentar buenas conductas, en lugar de castigar, podemos pactar con el niño una serie de actuaciones que esperamos que él cumpla y establecer los beneficios que obtendrá si así lo hace. Los niños pueden obtener privilegios si cumplen las normas y perderlos en caso contrario. Estos beneficios deben de pactarse previamente con el niño estableciendo un "contrato" que mantendremos visible en todo momento. Es muy importante, también, que felicitemos y alabemos las conductas positivas, pero siempre en el momento en que se llevan a cabo.



¿QUÉ CONSEGUIMOS DISCIPLINANDO CON AMOR?

- Que el niño siempre se sienta amado y respetado.

- Que el niño confíe en sus padres, pues son justos, consistentes y siempre demuestran amor.

- Que desaparezca el comportamiento negativo y en su lugar aparezca otro positivo. 

- Que el niño reconozca sus errores y sea capaz de buscar la manera de solucionarlo tranquilamente.

- Que el niño entienda la necesidad de establecer límites

- Que el niño integre los valores de forma natural.

- Responsabilizar al niño de su propia conducta. 

- Favorecer la capacidad crítica del niño.

- Favorecer el diálogo en la familia.


23 de mayo de 2014

EL MÉTODO CANGURO



¿QUÉ ES?


Se trata de una alternativa a la incubadora para niños estables que han nacido con bajo peso (<2000g).



Esta iniciativa fue impulsada y desarrollada por un grupo de pediatras en Bogotá. 



¿EN QUÉ CONSISTE?

1- Contacto piel con piel las 24 horas del día (ya sea con su madre, padre, abuelos...) mediante una tela que actúa de sostén para que los cuidadores estén más cómodos y puedan tener las manos libres.

           Posición canguro: posición vertical permanente con el niño entre los pechos, sin ropa (o debajo de ella)


2- Lactancia materna exclusiva (siempre que sea posible)

3- Seguimiento ambulatorio estricto.


BENEFICIOS PARA LOS NIÑOS PREMATUROS

- Diversos estudios han demostrado que el contacto piel con piel consigue que los bebés regulen adecuadamente su temperatura corporal, así como su frecuencia cardíaca.

- La lactancia materna se instaura más  fácilmente puesto que el contacto favorece la producción de oxitocina y prolactica (hormonas vinculadas a la producción de leche). Además, los bebés pueden mamar más y mejor ya que tienen el pecho cercano constantemente pudiendo olerlo y dejándose llevar por sus instintos más profundos. 

- En contacto con sus madres, los bebés están más relajados, lo que ayuda a su estómago a prepararse para la absorción de leche.

- Los bebés prematuros con los que se practica este método, engordan más rápido. Según varios estudios, hasta tres veces más rápido que niños que están en la incubadora. Por tanto, la estancia en el hospital puede acortarse.

- Entre los pechos de una madre, cualquier bebé se siente seguro, tranquilo y, por tanto, menos estresado. Este hecho favorece que el vínculo entre madre-hijo se cree de forma más fuerte y rápida

- El sueño se sincroniza con su madre, por tanto su principal cuidadora podrá descansar mejor y estar más disponible para su bebé.


Este método se convierte en un principio para crear conexiones cerebrales sanas en el niño y no determinadas por el estrés. 

Cuidemos la salud emocional de los niños desde el principio. 

Si quieres saber más sobre el tema, no dudes en consultar el siguiente enlace: http://fundacioncanguro.co/descargas/reglas-kmc-espanol.pdf


22 de mayo de 2014

ESTILOS DE CRIANZA: DESCUBRE CUÁL ES EL TUYO


Como es natural, no existe una única manera de educar a los hijos, pero lo que es cierto es que el desarrollo emocional de un niño se ve afectado por la forma en que sus padres, profesores y demás adultos de referencia, les tratan.

El primer vínculo que un niño crea con el mundo comienza en el núcleo familiar. Los padres son los primeros que les transmitirán valores y creencias y aquellos que dirigirán su comportamiento. Es por esta razón que diversos estudios han tratado de clasificar la manera de criar en diferentes estilos, tratando de abordar las posibles consecuencias futuras en el desarrollo de factores emocionales, sociales y personales del niño.
A groso modo, describiré aquí las cuatro formas posibles de interacción entre un padre-madre y su hijo (que se conocen, claro). Las clasificaciones se basan en la evaluación de las exigencias de los padres hacia los niños y en las respuestas que los padres ofrecen ante las demandas de sus hijos. Cabe decir que no siempre se lleva a cabo la práctica de un único estilo, pero está bien conocerlos y reflexionar sobre ellos:

TIPOS DE CRIANZA

-AUTORITARIO : La educación planteada por estos padres es militarista, dan órdenes y esperan que éstas sean obedecidas sin rechistar. Los límites están claramente definidos y normalmente son inflexibles, siendo a veces límites que no respetan el desarrollo del niño. Este tipo de disciplina se basa en la afirmación del poder. Éste tipo de crianza, en momentos de crisis, puede volverse abusiva hacia el niño corriendo gran riesgo de maltrato psicológico o físico.

Problemas: Cuando no dejamos que el niño se auto-regule, que explore y que entienda el por qué de nuestra conducta, de nuestras exigencias, estamos favoreciendo que se sienta frustrado y confuso, dificultamos que se establezca una relación de confianza. Si los castigos son desproporcionados a la conducta o inestables, el niño aprenderá que las consecuencias de sus actos están fuera de su control.

- PERMISIVO: Los padres que aplican este tipo de crianza, carecen de límites, basan la educación de sus hijos exclusivamente en el amor y les dejan actuar a la deriva. Son indulgentes y complacientes en exceso. Las reglas impuestas en casa, cambian con facilidad ante las exigencias del niño y las sanciones impuestas no se llevan a cabo.

Problemas: Cuando los niños crecen sin límites, son menos tolerantes a la frustración, no saben manejar las dificultades ni tampoco buscar soluciones. Es probable que cuando se enfrenten a situaciones externas a su familia, no sepan actuar ni asumir responsabilidades. El que siempre se les haya dado lo que querían puede llevarles a carecer de empatía, por tanto, no podrán ponerse en el lugar de los otros.

- DEMOCRÁTICO: Los padres democráticos, ante un error o mal comportamiento del niño, tratan que éste lo reconozca y valore cuáles son las consecuencias de sus actos. Impulsan la introspección y la reflexión dando lugar a que el niño se conozca a sí mismo  dándole la oportunidad de corregirse ante una equivocación.
Este tipo de crianza fomenta el diálogo y la búsqueda conjunta de soluciones. Los padres actúan como guías del niño marcándole los límites necesarios y adecuados a su proceso evolutivo. Usan el castigo (nunca físico) y lo mantienen siempre.

Consecuencias: Los niños se sienten seguros,  aprenden a reconocer las equivocaciones como parte del proceso de crecimiento. Se sienten libres de expresar sus emociones y capaces de cometer errores. Se hacen responsables de sus actos y conocen las consecuencias de sus comportamientos.

- NEGLIGENTE: Son padres que no se implican en el proceso de crecimiento emocional de sus hijos, se muestran distantes y fríos, y tampoco marcan límites. Se limitan a cubrir las necesidades básicas (comida, sueño...).

Problema: Los niños aprenden a no confiar en los demás, se vuelven retraídos, en ocasiones muestran actitudes de maduración demasiado temprana e incluso se transforman en cuidadores de sus propios padres. Estos niños tienden a ser retraídos y pueden mostrar conductas problemáticas e incluso delictivas.


Educar es una tarea sumamente difícil, pero recuerda que los niños tienen derecho a ser respetados y que necesitan ser acompañados en su camino de convertirse en futuros hombres y mujeres. 

Ser padre significa ser un guía dispuesto a escuchar, a entender y a corregir de forma positiva, asegurando el bienestar emocional del niño.

Los niños son nuestro futuro, dependiendo de cómo los tratemos ahora, de cómo los eduquemos, el mundo puede convertirse en un lugar mejor.  

18 de mayo de 2014

¿Y TÚ QUIÉN ERES?

Estoy echando un vistazo a la mil imágenes que a diario podemos encontrar de madres con sus bebés. Anuncios de madres sonrientes, absolutamente enamoradas de sus hijos, mostrando un amor incondicional e inmediato por ellos.

He oído miles de veces cosas como estas: "Nada más nacer, con sólo verlo, lo quise", "Me enamoré de él cuando supe que estaba embarazada", "El instinto maternal surge de inmediato, cuando te lo ponen en los brazos"


Pero, ¿es esa la realidad?, ¿todas las madres sienten de inmediato ese amor?


¿Y si no es así? 

El sentimiento de culpabilidad es terrible: "¡Soy una mala madre, un monstruo horrible!"

Nada más lejos de la realidad

La maternidad es un momento de cambio, una crisis vital, una transición donde nuestra vida cambia, todo es nuevo. Desconocemos cuál es nuestro papel, cómo debemos de actuar y nos dejamos llevar por aquello que se espera de nosotras, por esa imagen de madre enamorada de su hijo que nos han grabado a fuego a lo largo de la historia.

Pero ¿por qué tenemos que saber, de repente, con sólo chasquear los dedos, cómo ser madres?

Has gestado a ese hijo, lo has soñado, imaginado miles de veces, pero ahora que lo tienes en tus brazos, que lo acunas y miras sin cesar, te das cuenta que es un absoluto desconocido para ti. Ese niño que habitaba en tu mente, ahora es real, está aquí y no sabes quién es, aún no lo conoces. "¿Cómo lo voy a querer, si no sé quién es?"

El vínculo que se forma entre una madre y su hijo es un proceso relacional que necesita tiempo. Tiempo que dependerá de cada persona, porque cada uno es él y sus circunstancias propias. No existen guías, ni verdades absolutas, tan sólo cuenta el proceso individual de cada uno.

Olvídate, pues, de los dichos, de la sabiduría popular, de "lo que debería ser". Rechaza los sentimientos de culpa y disfruta del proceso de conocer a ese niño, permítete crear esa relación, poco a poco, con calma, con paciencia. 

Y sobre todo, escuchándote a ti misma, creando y formando ese nuevo rol que es ser madre. Reconociendo tus propios sentimientos y disfrutándolos al máximo.

Permítete el tiempo que necesites para conocer y querer a tu hijo.



EL REY DESTRONADO: CUANDO LLEGA UN HERMANITO

Los celos son una respuesta emocional que surge cuando alguien percibe una amenaza hacia algo que considera propio.

En el caso de los niños, papá y mamá son de su propiedad, le pertenecen. Es normal, por tanto, sentirse amenazados por la llegada de un hermanito, siendo, además, una personita que, de repente, requiere de toda la atención posible. Este tipo de celos se conoce como Celos de Confraternidad.

Compartir no es fácil, hasta el momento, estando solo en casa, no ha existido la necesidad de "repartir" el cariño, toda la atención, los cuidados, han sido exclusivos para "El Rey de la casa" y ahora ¿qué? "¿Tengo que dejar que ese renacuajo que no conozco reclame todo el amor de mamá? ¿Tengo que callarme mientras mi papá lo acuna y no me hace caso?". Llega un hermano y ¡ZAS! todo cambia.


¿CÓMO PUEDO RECONOCER LOS CELOS?



A pesar de lo que podemos creer, los celos no se presentan siempre de forma explícita, por lo que encontraremos diversas formas en que los niños demuestren el miedo a perder todo aquello que tenían antes de la llegada del nuevo miembro a la familia. Por ejemplo:

- Muestras exageradas de cariño hacia el bebé. El niño quiere cuidar de su hermano, tenerlo en brazos a todas horas, hacerse él cargo de todo.

- Regresiones. El niño actúa diferente. En ocasiones, pierde el control de esfínteres que ya tenía superado, puede querer dormir en la cama de papá y mamá, aunque ya hace tiempo que duerme solo, habla como un bebé, gatea, intenta sentarse en el portabebés...

- Rabietas, mal humor. De repente y sin motivo aparente, el niño está de mal humor, se enfada constantemente e incluso tiene fuertes rabietas. Llora desconsolado y puede que niegue el contacto con su madre o padre.


¿QUÉ HAGO?

- Mantente siempre tranquila/o. Tienes que pensar que es una situación pasajera, por tanto, respira profundamente y no le des excesiva importancia. 

- No le riñas. Explícale la situación en un momento en el que el niño esté receptivo. Recuerda que obtendremos mejor atención si nos encontramos a la altura del niño. Agáchate y mírale a los ojos.

- Si es posible, déjale que participe en los cuidados de su hermanito.


- Encuentra momentos en los que dedicarle tiempo. Recuerda que la calidad es mejor que la cantidad.


- Expresa tus sentimientos con sinceridad y ofrécele la oportunidad de que explique cómo se siente.



Y sobre todo...TIEMPO AL TIEMPO. Los niños, como cualquiera, necesitan adaptarse a los cambios, encontrar su lugar.

Si les damos mucho amor, paciencia y libertad, ellos mismos conseguirán auto-regular sus sentimientos y encontrarán la manera de integrar a su hermano en sus vidas. 

17 de mayo de 2014

PARIR HOY EN DÍA: MEDICALIZACIÓN EXCESIVA (Segunda parte)

Siguiendo con el tema del parto, os dejo un vídeo, una comedia que cuenta de manera tremendamente explícita el nulo papel que durante muchos años ha jugado la mujer en su propio parto.
Espero que os guste


PARIR HOY EN DÍA: MEDICALIZACIÓN EXCESIVA (Primera parte)


Los avances en medicina en los últimos siglos son innegables. Gracias a ellos, hemos aumentado la esperanza de vida y hemos sobrevivido a epidemias y a enfermedades que antes resultaban mortales.

Pero en la actualidad, de cierta forma, las mujeres hemos dejado la responsabilidad de nuestros partos al personal médico, nos hemos convertido en agentes pasivos del proceso y se nos ha olvidado que somos Protagonistas del mismo. Muchas veces, el miedo al dolor, el desconocimiento y la tendencia a no escucharnos a nosotras mismas, ha hecho que olvidemos que el parto puede ser un momento maravilloso´y único de conexión con nuestro cuerpo y con nuestro hijo. Tenemos que empoderarnos, vivirlo como queremos, como elijamos.

 ¿qué pasa entonces con el parto?

¿Es el parto una enfermedad? ¡No! El parto es un proceso natural de los mamíferos. Un momento mágico de conexión entre una madre y su hijo que debe ser respetado.

¿Necesitan las mujeres de todas las prácticas médicas que se llevan a cabo? Sólo en casos concretos, en complicaciones. Los procesos médicos deben ser una guía para la mujer que está pariendo. Deben acompañarla, observarla y cuidarla.

 ¿Necesitamos parir en un quirófano? Si no existen complicaciones médicas, podemos parir en lugares mucho más tranquilos, sin tanta luz ni maquinarias

"La mujer necesita oscuridad, intimidad, silencio y calor, sólo eso. Lo contrario dificultaría y alargaría el proceso del parto" (Michel Odent)

 ¿Tenemos voz y voto sobre cómo queremos parir? Siempre. Existe un plan de partos que es un documento en el que la mujer puede expresar sus preferencias, necesidades, deseos y expectativas sobre el proceso del parto y el nacimiento.

(Puedes encontrar más información sobre cómo y por qué tener un plan de partos en el siguiente enlace: http://www.msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/equidad/planPartoNacimiento.pdf)


Las mujeres estamos biológicamente preparadas para parir de forma natural. El cuerpo humano es sabio y está capacitado para traer un hijo al mundo.

16 de mayo de 2014

DEPRESIÓN POST-PARTO

No estás sola.....
¿Qué es?

Tras dar a luz, la mujer puede sentir síntomas depresivos de diferente intensidad. Estos síntomas pueden aparecer inmeditamente después del parto o a lo largo de un año. Es más normal que aparezca en los primeros tres meses tras el nacimiento del hijo.

¿Cómo detectar si estoy padeciendo  una “depresión post-parto”?

En las primeras semanas después del parto se considera normal presentar irritabilidad, tristeza, ansiedad e, incluso, llanto incontrolable. No hay motivo de preocupación. Son síntomas normales que desaparecerán pronto, sin necesidad de tratamiento. Comúnmente se conoce como la “depresión puerperal”.
No obstante, si la depresión puerperal no desaparece en un tiempo prudente, puede desembocar en algo más serio: lo que se denomina “depresión post-parto”.

Síntomas de la depresión post-parto:

Este tipo de depresión no se diferencia por su sintomatología de cualquier otra.
Algunos de los síntomas comunes son:
Agitación e irritabilidad.
- Cambios en el apetito.
- Sentimiento de inutilidad o culpa.
- Sentirse retraida o “desconectada”.
- Falta de placer o interés en todas o en la mayoría de sus actividades.
- Pérdida de la concentración.
- Pérdida de su energía.
- Problemas para realizar sus tareas, en el hogar o en el trabajo.
- Ansiedad considerable.
- Pensamientos autolíticos (suicidio).
- Dificultad para dormir.

Además y, como síntomas exclusivos de este trastorno, se encuentran:
- La madre se siente incapaz de cuidar de su bebé. E incluso de sí misma.
Puede sentir un rechazo hacia el propio hijo; incluso con ideas vagas de infligirle mal.
- Preocupación, o bien excesiva, o bien nula, hacia el bebé.

¿Qué hacer si detecto estos síntomas?

Pide ayuda a tu médico. Él sabrá derivarte al profesional correspondiente y aconsejarte médicamente. Una depresión puede precisar, tanto de medicación como de psicoterapia. Busca un profesional en el que confíes plenamente.

Cuéntalo a tu pareja, tu familia y amigos. El apoyo social es indispensable para solucionarlo. Deja que familiares y amigos se encarguen del bebé cuando te sientas abrumada o sobrepasada. No trasmitas esos sentimientos al bebé. No te llenes de sentimientos de culpabilidad, porque no es culpa tuya. Dedícate tiempo, todo el que precises.

Habla con otras madres. Casi siempre solemos pensar que a nadie más le está pasando lo mismo que a nosotros y nos sentimos desamparados. Debes saber que existen grupos de apoyo para madres donde seguro encontrarás otras personas en las que te verás reflejada. Recuerda, ¡No estás sola! (si lo precisas, no dudes en contactar conmigo y te facilitaré direcciones y teléfonos).

Cúidate. Mímate mucho, permítete caprichos, y haz cómplices a tu pareja, a tu familia… Así, si eres una amante de la lectura (ya casi imposible en la práctica, por las necesarias atenciones al bebé), no dudes en pedir a tu pareja, o a tu madre, por ejemplo, que atiendan un rato al bebé. Siéntate en un sillón y solázate, disfruta, que aún así, solo será un ratito. Paradigma: No olvides que el bebé estará tanto mejor cuanto mejor te encuentres tú (lo de la trasmisión de antes, ¿eh?). No olvides que: “Una mamá sana y feliz tiene muchas más opciones para que su bebé también lo sea.

Y, sobre todo, no desesperes. El proceso de cura de una depresión es lento. No quieras solucionarlo de hoy para mañana, no puedes. Practica la paciencia y prémiate por cada pequeño logro.

CÓGELO EN BRAZOS, ¡Y MUCHO!


No es difícil escuchar en muchas ocasiones "No cojas tanto al niño en brazos, que se mal acostumbra", "Déjalo llorar, que así aprende". Éstas son frases comunes pero que no se  basan en ninguna lógica si tenemos en cuenta la naturaleza de un bebé. Cuando un niño viene al mundo es un ser tremendamente indefenso. En comparación con otras especies, el bebé nace sin apenas herramientas que le permitan desarrollarse en el mundo externo y necesita ser cuidado durante un periodo largo de su vida. Precisa de alguien que le alimente, que lo traslade, que le mantenga limpio...Y él, mientras tanto, sólo dispone de su llanto para comunicarse.

Creo firmemente que dar excesivo amor a un niño nunca puede ser malo. Cuando los niños son pequeños, cuando son bebés, necesitan de todo el contacto físico posible, sobre todo y, a ser posible, de su madre. Si el niño llora, no es porque esté tratando de molestar, ni porque tenga una estrategia elaborada que pretenda conseguir esclavizar a nadie. El llanto es el único lenguaje de que un bebé dispone y es su manera de comunicarse. Si llora, es que necesita algo, precisa de la seguridad que mientras está en brazos siente. Acunar a un niño, dejarlo dormir en brazos, atenderlo de forma inmediata, no lo hará dependiente en un futuro. ¡Al contrario! En edades muy tempranas, los bebés al ser absolutamente dependientes de su cuidador, necesitan aprender que cuando reclamen atención serán atendidos. Si soy bebé y lloro, es porque me ocurre algo, quizá me encuentre mal o tenga hambre, o sueño y aún no sé decirlo de otra forma, no dispongo de más herramientas.

Imaginaros, por un momento, que sois un bebé solo e indefenso en su cuna, solo, mirando hacia arriba, un techo frío o quizá hacia los lados, donde sólo puedo alcanzar unos duros barrotes, que por mucho que os esforcéis, sois incapaces de levantaros ni de explicar qué os está pasando. De repente el miedo os invade, os sentís totalmente indefensos y rompéis a llorar. Este bebé, en su soledad y con su llanto estridente, está pidiendo ayuda, que alguien vaya a verlo. Ante esta situación, ante el lloro desgarrador de un niño, como cuidadores podemos reaccionar de dos formas:

1) Dejamos que el niño llore. Queremos que el bebé aprenda a estar solo, que no trate de engañarnos. Vaya, si lo único que quiere es fastidiar. Tan pequeño y tan pillo. ¡Menudo bribón está hecho!

Resultado: Al fin, después de quién sabe cuánto tiempo llorando sin cesar, el bebé calla.

¡Bravo! Así no se mal-acostumbrará y no se convertirá en un niño caprichoso.

Error: El niño ha aprendido que sus demandas no son satisfechas, se siente inseguro, piensa que está solo y con el tiempo dejará de llorar, sí, pero estará basando sus sistemas de relaciones en la inseguridad, en la frustración. Sus relaciones de apego, que definen el vínculo específico y especial que se forma entre madre-infante o cuidador primario-infante determinarán su forma de relacionarse con otras personas en el futuro. Cuando un niño ha aprendido que ante una situación de angustia, su madre o cuidador principal, no le han atendido, es mucho más probable que desarrolle lo que en Psicología se conoce como estilos de apego inseguros. Estos estilos de apego los podemos dividir en dos:

- Los niños con estilos de apego evasivo, se muestran desapegados de sus cuidadores,  no buscan consuelo en ellos cuando se sienten angustiados, ni tampoco muestran interés por ellos. Estos niños muestran inseguridad hacia los demás, desconfianza. Les es difícil relacionarse de forma confiada con otros, por lo que prefieren mantenerse distanciados.

Además, presentan miedo a la intimidad.

- Los niños con estilos de apego ansioso-ambivalente, se sienten inseguros cundo son separados de sus cuidadores, en cambio, no aceptan ser consolados por ellos. Estos niños no confían en que, de ser necesario, los padres les auxiliarán.

2) Atendemos el llanto del niño. Cuando el bebé llora, vamos, lo cogemos en brazos y lo acunamos amorosamente, lo calmamos y le llenamos de amor, de caricias, de besos y arrumacos.

Resultado: El bebé se calma, se siente seguro y confía plenamente en su cuidador que está cubriendo sus necesidades, que está escuchando y atendiendo sus demandas. Aprenderá que no está solo, que cuenta con gente dispuesta a cuidarle y amarle. Con este tipo de actuaciones es más probable que el niño desarrolle relaciones futuras más sanas. Podrá desarrollar un estilo de apego seguro, conocedor de que sus cuidadores son personas que estarán disponibles en momentos de adversidad. Se convertirán en personas confiadas de sí mismas y capaces de establecer relaciones de confianza con otros.



Por tanto, una relación de dependencia temprana puede ser la clave de que un niño se convierta en una persona independiente y con confianza en sí mismo en un futuro.



¡¡S.O.S.!! NO CONSEGUIMOS UN EMBARAZO



Cuando no existen razones médicas para la infertilidad

Hace tiempo conocí a una joven pareja deseosa de ser padres. Consideraban que había llegado el momento para traer un hijo al mundo y formar una familia, pues se sentían preparados y se pusieron "manos a la obra". La ilusión de los primeros meses fue mermando cada vez que el periodo hacía su aparición. Cada mes, ella, positiva por naturaleza, se sentía más apagada. Salía a la calle y se sentía terriblemente desdichada al ver a las radiantes madres con sus bebés. Todo su mundo, sus pensamientos giraban en torno a la idea de su bebé imaginario. Lo que había empezado como un bonito proyecto se estaba convirtiendo en una obsesión que les estaba desestabilizando como personas y como pareja. Al fin, decidieron acudir a la medicina para descubrir si existía algún problema de fertilidad. Tras innumerables pruebas, se confirmó: infertilidad por causa desconocida, es decir, ambos estaban físicamente capacitados para concebir y no se conocían las razones por las que el embarazo nunca llegaba. Entonces, si ambos estaban sanos, si no había problemas físicos, ¿qué estaba pasando?

Los factores psicológicos se ven relacionados en cualquier proceso de nuestra vida, y ¿cómo no? también en la búsqueda del hijo.

No conseguir un embarazo hace que muchas personas se sientan frustradas, fracasadas y que el logro de este objetivo se convierta en el único de sus vidas. De repente, sólo ven niños por todas partes, mujeres embarazadas en cada esquina, y ellos se miran y se sienten terriblemente inútiles, se preguntan por qué les está pasando esto a ellos y quién de los dos tendrá la culpa.  Enfrentarse a esto lleva a vivir una situación de estrés continua que es totalmente contraproducente para conseguir un embarazo. Tener un hijo es una experiencia maravillosa, ¿cómo vamos a concebir un hijo si estamos frustrados, incómodos, obsesionados? Queremos tener un hijo y darle un hogar sano, tranquilo y repleto de amor.

 ¡VAMOS A DARLE UNA VUELTA COMPLETA! El primer hogar que ese niño tendrá es el vientre materno, esa futura mamá necesita estar feliz, tranquila y a gusto consigo misma para convertirse en el mejor de los lugares para el bebé. Por eso, cuando el embarazo no llega y los nervios están apoderándose de nosotros y haciéndonos perder el control, tenemos que parar, respirar profundamente y empezar a mimarnos. Si nosotros estamos tranquilos, seguros y nos cuidamos física y mentalmente. Cuando dejemos de obsesionarnos e incorporemos el tener un hijo en el resto de facetas de nuestras vidas, sin que se convierta en la única, cuando dejemos de controlar el mejor momento para mantener relaciones con nuestra pareja y las disfrutemos plenamente de nuevo, cuando nos dediquemos tiempo para disfrutar y estemos TRANQUILOS y RELAJADOS, entonces será más fácil.





Pese a ser todavía muy joven, he tenido que cubrir experiencias muy diversas. De entre muchas, tan solo recordaré a una señora de mi entorno cercano que solía decir: «cuando el primero (el hijo) no quiere venir, bien se hace de rogar; pero cuando ya por fin ha venido, a su madre en “una coneja” llega a transformar». Un poco zafio, quizá; pero bastante ajustado a realidad. La primera parte concuerda con el texto anterior: el sentimiento de culpa, la obsesión, el achacar errores a la pareja, la frustración, el nerviosismo desmesurado… comportan irregularidades que, por su propia naturaleza, se convierten en psicosomáticas (la actitud mental condiciona incluso al cuerpo físicamente) y que se constituyen en un verdadero obstáculo natural, en ocasiones insalvable. Pero, cuando ese escollo queda salvado, la naturaleza, liberada de la agresión psíquica, sigue su verdadero ritmo; y no es nada de extrañar que se traduzca en un segundo, un tercero y hasta en más hijos. Así que, ¡¡también cuidado!!